PENSAR PIEL. Sobre envolturas y otros packagings

Mi colaboración en el catálogo de la exposición INSTALACIÓN S/T de la artista Dolo Navas que se celebra del 10 de febrero al 26 de marzo en la Sala Horno de la Ciudadela.

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“¡Ah!, la piel, lienzo en que todos los mundos se plasman; los sabores y los olores, los sonidos y las temperaturas me penetran constatando mi inacabamiento; abro mi boca y un alud de moléculas y sub-moléculas se cuelan haciendo rizoma con mi esófago. Hablo y atravieso el mundo.”
Sonia Torres Ornelas, Deleuze y la sensación. Catástrofe y génesis

“Somos piel”

Me lo has repetido insistentemente en las últimas semanas. Me acordé del célebre aforismo de Paul Valery: “Lo más profundo que hay en nosotros es nuestra superficie”, lo más profundo es la piel. Gilles Deleuze muestra su desacuerdo sobre el privilegio en filosofía de la profundidad frente a lo superficial: “Extraña postura la que valora ciegamente la profundidad a expensas de la superficie y que quiere que superficial signifique no de vasta dimensión, sino poca profundidad, mientras que profundo significa por el contrario de gran profundidad y no de débil superficie”. ¿Y no es esto lo que tratas en tu obra? La profundidad, la altura y las superficies en sus relaciones complejas con la vida.

La piel es el órgano sensorial de mayor peso y extensión del cuerpo y que sirve de envoltura al resto de órganos. Anzieu en “El Yo-piel” va más allá y atendiendo a su estructura y sus funciones, define la piel como un conjunto de órganos diferentes, que a su vez está en estrecha conexión con los demás órganos de los sentidos. La piel posee 50 receptores cada 100 milímetros cuadrados y se puede decir que de todos los órganos de los sentidos es el más vital. A diferencia de estos es imprescindible para la vida: sin la integridad de la piel no se puede vivir. Es fuente de señales infinitas e inagotables: calor, frío, presión, dolor, placer, picor… y está conectada con las sensibilidades kinestésicas y de equilibrio. La epidermis proporciona la base de referencia para los demás órganos de los sentidos, la postura y la motricidad e interviene en otras muchas funciones biológicas: respira y transpira, segrega y elimina, estimula la respiración, la circulación y la excreción. La piel nos sitúa en el mundo: es la superficie envolvente que nos proporciona sostenibilidad, continuidad, contención y protección. Realiza un papel esencial en la continuidad espacio-temporal del cuerpo vivo y ayuda a sostener el cuerpo en torno al esqueleto y su verticalidad. Es el continente o mapa cartográfico de todas las experiencias; es la barrera protectora frente a elementos agresores o desorganizadores y el escenario de la intersensorialidad, la intersubjetividad, la comunicación con el exterior y la relación íntima erótica con otros.

Tus obras remiten a un estadio anterior a las palabras, donde la corporalidad sería la primera realidad consciente. De la piel extraemos los datos originarios que son tanto de orden orgánico como imaginario. Tu trabajo en escultura está muy anclado en la experiencia del cuerpo. Para Freud “el yo es, ante todo, un yo corpóreo”. Para Anzieu el Yo-piel, la piel-como-continente “contiene los contenidos psíquicos a partir de la experiencia de la superficie del cuerpo”. Lo sensorial de la piel es la primera huella de la memoria que se integra en lo psíquico y nos permite acceder al sentido de uno mismo, de los límites propios y del sentido de interioridad y realidad. La piel permite acceder a la primera distinción entre dentro y fuera, es el armazón externo e interno del yo y el límite o frontera sensorial de uno mismo con los otros. Además de proteger nuestra individualidad es al mismo tiempo el primer instrumento y lugar de intercambio con los demás. La función contenedora de la piel media y a la vez nace de la experiencia con el otro.

La complejidad anatómica, fisiológica y cultural de la piel parece anticipar la complejidad de lo psíquico. En el desarrollo de la propia individualidad interviene la función psíquica de lo táctil y lo corporal, que comienza antes del nacimiento a través de la experiencia intrauterina. Con los cuidados de la madre -acariciar, frotar, envolver, masajear, mover- el bebé establece el primer vínculo que inicialmente es perceptual y corporal. La piel de la madre es la primera piel, cuya función contenedora crea un espacio de inclusión, una envoltura sensorial gracias a la cual el bebé se siente unido e integrado. Siente y toma conciencia a través de la piel que los objetos, y sobre todo la madre, no están en continuidad con el propio cuerpo. La incorporación de los objetos por la piel, el deseo de incorporarse es quizá anterior a su incorporación por la boca. Somos la única especie que, al nacer, para sobrevivir, tiene que crearse una piel y ser vestida y nombrada por una mano ajena. El yo corporal y el yo psíquico incipiente se unen, se integran se hacen indiscernibles en la piel.

Todas las experiencias de la piel son estructurantes y sirven para formar representaciones mentales. La piel es una estructura intermedia del aparato psíquico, una realidad de orden fantasmático representada en las fantasías, los sueños, el lenguaje, las actitudes corporales y también un espacio imaginario para la reflexión. ¿Y si el pensamiento fuera un asunto tanto de piel como de cerebro? ¿Y si el centro estuviera situado en la periferia? La piel posibilita integrar lo corporal, sensitivo, emocional y psíquico como camino del pensamiento, de la idea y de lo simbólico. Pensar piel.

“Lo que atraviesa a ti y a mi”

Necesitas del cuerpo liviano y transparente, que se despliega y vuela, cuerpos que envuelven y son envueltos. La carne parece demasiado opaca y material; es una pantalla demasiado profunda y que silencia el sonido. Cuerpos-cristal, cuerpos-sonoros de materialidad transparente abierto a otros flujos, otras intensidades y devenires. El cuerpo quiere ser aire o agua para aligerarse, elevarse, flotar o suspenderse: “…lo más que puedo decir es que somos fluidos, seres luminosos hechos de fibras” (Castaneda). 

Acentúas el funcionamiento paradójico de la piel, que parece explicar la condición paradójica de lo psíquico. La piel mantiene el equilibrio de nuestro medio interno y lo protege de las perturbaciones del exterior, pero en su forma, textura, coloración y cicatrices conserva la marca de esas perturbaciones. La piel es permeable e impermeable; superficial y profunda. Es verídica y engañosa. Nos proporciona tanto placeres como dolores. Parecería que trabajas en esos mensajes “impalpables” que llegan al cerebro desde la piel que “palpa” y transmite sin que el yo sea consciente. Traduces la vulnerabilidad de la piel por su finura. Expones su solidez y fragilidad. Materializas la indigencia de la piel desnuda, el desamparo originario. La piel remite a nuestra levedad y tú eres una creadora de lo infraleve, lo incorpóreo y evanescente. Para Duchamp lo infraleve es lo apenas perceptible, lo que es más leve que lo leve. La presencia de lo ausente en los restos de la ausencia. Lo infraleve puede estar conectado con lo háptico y lo táctil. El aire habla por sí mismo de lo infraleve, pero esta idea se ve subrayada también por la fragilidad visual y material del cristal. Infraleve es tu propia saliva que se mezcla con la tinta en los dibujos, como las cartas de amor que eran impregnadas con los fluidos del amado; el sonido del roce del cristal; el papel que remite a una piel que se pela; la baba perdida del caracol que se recupera seca en tu cuerpo; los restos de comida que han teñido la escultura.

Tus obras se me aparecen como escenografías de la vivencia sensorial y afectiva, apaciguada y activa. Cuerpos respiraderos con muchas bocas, superficie llena de agujeros, estructuras superficiales vulnerables en su márgenes. Fronteras corporales proclives a intercambios, a pérdidas, a trasvasar el interior o a engullir el exterior. Cuerpos sin órganos, materia y medio atravesados por intensidades, material vital que desborda la unidad orgánica y el cuerpo organizado. Cuerpos que se relacionan o tienen encuentros desconcertantes con objetos y materiales -cristal, aire, lana, seda, guijarro- y devienen germen, huevo.

Deshacer las organizaciones, deshacer el cuerpo, desplegar, descoser, desunir, desatar, desalojar, desterrar, resistirse a la formalización del lenguaje. Es muy significativo que la instalación no tenga título o más bien se titule “S/T”. Parecería que quieres trabajar en un territorio previo al lenguaje (si eso es posible) y el concepto; campo de experiencia y experimentación de afectos, intuiciones e imaginación. La fuerza de sentir, la unidad de sentir-ser sentido. Conectar, conjugar, continuar; actualizar y vivificar; empujar y abrir líneas de fuga ascendentes, para conquistar la verticalidad. Vives en el vuelo, en las líneas de fuga que rompen los momentos comunes. “No se trata, de creer el mundo perfecto, sino más bien “de ponerse alas” y huir de este mundo en sueños” (Sonia Torres Ornelas).

“Todo lo envuelvo”

El cuerpo, la piel se pueden interpretar como superficie de inscripción de acontecimientos. El cuerpo es un constructo siempre en proceso de construcción simbólica y orgánica, siempre inestable con el exterior. Nos proveemos de segundas pieles, sin que esto suponga necesariamente una manifestación defensiva radical. La función contenedora de la piel no puede ser completa. Lo individual no es una entidad estable y permanentemente fijada.

En tus esculturas y dibujos habitas la piel como umbral o espacio de transición. En un texto anterior sobre tu obra escribí que la utilización de la máscara, del vestido y del adorno es testimonio de un conflicto entre territorios: lo íntimo y lo intersubjetivo, la plenitud y el vaciamiento, la materia y la ingravidez, la impureza y lo sublime, la norma y lo abyecto, el consumo y el desecho, el juego y el drama. La complejidad de nuestra vestimenta, los rituales de ornamentación, el maquillaje, los piercing, los tatuajes, las dietas, el adelgazamiento, las escarificaciones, las cirugías estéticas, los implantes subcutáneos o incluso las marcas corporales auto infringidas dan cuenta de esto. El cuerpo y específicamente la piel están en permanente construcción y la búsqueda de esta segunda piel es un proceso activo. A través de la piel se redefinen las relaciones entre el individuo y la sociedad. Nuestras pieles son límites textuales, pieles de palabras, interfaces para relacionarnos con los demás, como medio para permitir la inclusión dentro de grupos sociales específicos. La piel y las intervenciones sobre la misma son una pantalla o interfaz que sirve de puente o comunicación con el mundo externo. Las pieles son lugares de resistencia y base del sentido de identidad y empoderamiento social. Las marcas corporales son entendidas como medio para la creación de significados que expresan la biografía corporal, la celebración del estatus, la belleza, el erotismo o el empoderamiento social. Es memoria narrativa autobiográfica, que establece marcas e impregna la carne de significado.

En tu obra seleccionas objetos en función de su superficie, en los que a su vez realizas operaciones y efectos de superficie. ¿Qué puede haber de más íntimo, más esencial a los cuerpos que acontecimientos como crecer, empequeñecer, cortar, secar, enfriar, calentar, desgastar o ensamblar? Son operaciones que tienen lugar en la piel de los objetos. Pliegues y acumulaciones. Superficies y membranas de vida que permiten un yo separado de los demás pero permaneciendo en continuidad con ellos. Membrana limitadora y enlazadora con los otros, potencia de vínculo. La construcción de artefactos objetuales, simbólicos y materiales actúan como pieles construidas, segundas pieles. La piel es vestimenta del cuerpo y en tus serigrafías la tela a su vez es piel tatuada o prótesis sustitutiva de la piel. Sales del cuerpo a la tela, como si fuera una solicitud de contacto con el exterior, como si lanzaras una invitación a compartir, a tocar. El yo es una piel que se desprende, cae. La piel se pela fácilmente, como si se levantara un papel. Quizá la regla implícita de no tocar las obras en las exposiciones te lleva a realizar obras que son para tocar, ser vestimenta y llevar sobre el cuerpo. La utilización del cristal extraído de botellas usadas busca una especie de alquimia que persigue la transparencia luminosa del desperdicio más allá del imperativo de lo útil. Parece querer decir que “somos hijos de la materia” (Alba Rico), somos responsables del futuro y de la vida de los objetos.

Para tu exposición has seleccionado un espacio muy especial, el Horno de la Ciudadela de Pamplona que actúa como envoltura térmica y simbólica. Te trasladas del medio acuoso y amniótico de la piscina al horno como entorno simbólico seco y caliente. Más allá de la piel y del vestido buscamos la casa, la habitación, una envoltura para habitar. Y también la casa tiene su propia envolvente arquitectónica. La piel del edificio es la capa externa que vincula los espacios interiores con el exterior, ya sea el aire libre, el agua o el territorio. Funciona como un regulador de las condiciones exteriores de temperatura, luz y ventilación, para crear un espacio interior habitable. El horno actúa como caverna sonora; un espacio perfecto envolvente atravesado por una chimenea que sugiere y genera un movimiento ascendente y vertical de extracción, exhalación y comunicación con el exterior.

“Arrópame”

Tu obra es abrazo. La mandarina en tu cuello, los anillos de cristal en los dedos son abrazos dibujados en el cuerpo. Recuerdo tu performance en la Sala CM2 de Vitoria, titulada “Arrópame“. Apareciendo desnuda implicabas al otro, en un acto participativo donde se significaba el vestido como condición de intersubjetividad. Escribí que te planteabas la posibilidad de sustituir el “desnudo” por el “cuerpo despojado de ropa” que permitía otras posibilidades de representación. Es el camino inverso al actual imperativo de la transparencia y de la desnudez de los cuerpos y de las almas. La cuestión del cuerpo, hoy escamoteado, evocado o desplazado, sigue siendo el eje de toda reflexión sobre la condición social de lo que somos. El cuerpo está en proceso de desaparición. “El ser humano es el único animal que huye de su cuerpo. Casi todo lo que hacemos en nuestra vida es una tentativa de dejar atrás nuestro cuerpo mortal” (Alba Rico). La sociedad tiende a olvidar que los cuerpos son también objetos con una materialidad y necesidad de cuidados.

Comparto contigo las mismas preocupaciones generacionales, una amistad basada en las complicidades, en el reconocimiento y en el reconocerse una en la otra. Presenciamos y enfrentamos hoy el problema de la corporeidad de la obra de arte en la época de su irreversible desmaterialización. Vivimos en la primera sociedad de la historia que niega las cosas. En la era de la memoria digital el estatuto del objeto es cuestionado. “Y sin cosas no hay razón finita ni memoria finita ni imaginación” (Alba Rico). El deseo hoy se ha asociado a la imagen y se ha disociado del cuerpo. Y esto tiene consecuencias para el arte, para el objeto en el arte y también para la producción artística y la memoria cultural. Existe un estatuto y una poética del objeto y no olvidemos que “el primer valor de uso es el cuerpo” (Alba Rico).

Las propuestas actuales derivan al artista a ser una suerte de trabajador de la economía del conocimiento, un gestor de eventos e ideas culturales por fuera de las articulaciones formales y materiales de la obra. Asistimos al olvido de los cuerpos en beneficio de un nuevo sujeto neoliberal que vive fuera de su límite en lo performativo y la auto presentación. Frente a esta deriva mantenemos la irreductible presencia de la materialidad de la obra de arte entendida como condensación material (Moraza). Sostenemos una teoría material de la obra de arte como máquina de presencia, objeto pensante que interpreta el mundo.

Me acuerdo de un texto de Tiqqun: “La conspiración de los cuerpos. No de los espíritus críticos, sino de las corporeidades críticas. He ahí lo que el Imperio teme. He ahí lo que lentamente adviene, con el incremento de los flujos, de la defección social. Hay una opacidad inherente al contacto de los cuerpos. Y que no es compatible con el reino imperial de una luz que ya no ilumina las cosas sino para desintegrarlas. Las Zonas de Opacidad Ofensiva no están por crear. Están ya ahí, en todas las relaciones en las que sobreviene una verdadera puesta en juego de los cuerpos. Lo que hace falta es asumir que tomamos parte en esta opacidad. Y dotarse de los medios de extenderla y defenderla”.

Piel viscosa, piel opaca resistente al secreto que no sucumbe a la tentación de desnudarse.

Txaro Fontalba

PDF del catálogo

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